Alcorcón, España
En la sociedad moderna conducir un automóvil puede ser muy importante para un discapacitado físico ya que incrementa su independencia funcional. La información, valoración y entrenamiento que recibe un discapacitado físico sobre la capacidad de conducir es nula o muy escasa en nuestro país. Para que un paciente con hemiparesia conduzca un coche se requieren algunas sencillas modificaciones mecánicas sobre los mandos usuales del vehículo, adaptando éstos para su manejo con el hemicuerpo no afectado. Pero, debido al ictus, son frecuentes otros déficit sensoriales, visuales o cognitivos que, en muchos casos, determinarán que el paciente no pueda mantener una capacidad de conducir segura y sin riesgos. Cualquier médico rehabilitador que trate con pacientes con secuelas por ictus debe conocer los requisitos y las contraindicaciones para conducir automóviles, la normativa expresada en la legislación vigente para obtener o prorrogar el permiso de conducción ordinario (de clase B), las adaptaciones que puede precisar el coche y otros recursos disponibles para informar de manera completa y veraz sobre la capacidad de conducción. Para obtener la necesaria autorización legal será precisa, en ocasiones, una evaluación detallada con el concurso de otros profesionales, y otras veces, un adiestramiento con técnicas específicas para mejorar las capacidades de conducción, incluyendo el entrenamiento con equipos adaptados, que sería deseable incorporar a algunos servicios hospitalarios de nuestra especialidad. Este artículo proporciona claves para que el médico rehabilitador pueda cumplir con esta demanda de sus pacientes con secuelas por ictus.