Edgar Manuel Villa Villa, Ma. Soledad Vázquez Garcidueñas
, Gerardo Vázquez Marrufo
Millones de años antes de que la humanidad iniciara el cultivo de plantas, las hormigas ya practicaban la agricultura. En una cámara especial del hormiguero, las hormigas cultivan el micelio de un hongo al que alimentan con fragmentos de hojas frescas. Gracias a esta biomasa vegetal el hongo crece y como recompensa produce estructuras ricas en azúcares llamadas gongilidios, con las que las hormigas alimentan a sus larvas. El micelio cultivado no está libre de amenazas, ya que tiene como enemigos a otros hongos que intentan alimentarse de él. Para defender a su cultivo, las hormigas cuentan con bacterias aliadas que producen metabolitos secundarios, moléculas orgánicas que eliminan al hongo invasor. En el jardín de las hormigas se libra una auténtica batalla química. Mientras que el hongo patógeno produce metabolitos para colonizar el cultivo, las bacterias aliadas de las hormigas producen compuestos para combatirlo. La agricultura humana moderna ha imitado este modelo, incorporando el uso de bacterias y hongos para proteger a sus cultivos de microorganismos patógenos. Este modelo natural que no causa daño a la salud de las hormigas, ni a otras especies o al entorno ecológico, nos inspira a desarrollar prácticas agrícolas más armoniosas con el medio ambiente.
Millions of years before humans began cultivating plants, ants were already practicing agriculture. In a special chamber of the anthill, ants cultivate the mycelium of a fungus, which they feed with fresh leaf fragments. Thanks to this plant biomass, the fungus grows and, as a reward, produces sugarrich structures called gongylidia, which the ants feed their larvae. The cultivated mycelium is not free from threats, as its enemies are other fungi that try to feed on it. To defend their crops, the ants rely on bacterial allies that produce secondary metabolites, organic molecules that eliminate the invading fungus. In the ant garden, a real chemical battle is waged. While the pathogenic fungus produces metabolites to colonize the crop, the ants' bacterial allies produce compounds to combat it. Modern human agriculture has imitated this model, incorporating the use of bacteria and fungi to protect its crops from pathogenic microorganisms. This natural model, which does not harm the health of ants, other species, or the ecological environment, inspires us to develop more environmentally friendly agricultural practices.