Alba Labuena Solano, Sara Juadra Farré, Lucía María Gracia Fumanal, Raquel de la Natividad Seguí, Lucía García Lapeña, Anabel Naval Gascón
La vía intranasal es una alternativa eficaz y segura para la administración rápida de fármacos en el contexto de urgencias pediátricas, especialmente cuando el acceso intravenoso es difícil. La rica vascularización de la mucosa nasal y su drenaje directo a la circulación sistémica permiten una absorción rápida y un inicio de acción comparable al de la vía intravenosa, sin requerir técnicas estériles ni causar estrés significativo en el paciente.
Diversos estudios han demostrado que la vía intranasal es especialmente útil para administrar analgésicos, sedantes y ansiolíticos, anticonvulsivantes, antipsicóticos, glucagón para hipoglucemia severa, y naloxona en casos de sobredosis por opiáceos. El método más eficiente para la administración es el uso de atomizadores, que optimizan la biodisponibilidad al distribuir el fármaco sobre una mayor superficie nasal y minimizan la pérdida por escurrimiento. Las contraindicaciones incluyen alergias, epistaxis activa, traumas o anomalías nasales, obstrucción de fosas nasales y uso reciente de vasoconstrictores. La técnica recomienda administrar el fármaco dividido en ambas fosas nasales, estando el paciente en posición semisentada con extensión cervical a 60° para maximizar la absorción.
Los efectos adversos son mínimos y transitorios, entre ellos se encuentra la irritación local, sabor amargo y náuseas. En conclusión, la vía intranasal para la administración de fármacos representa una alternativa rápida, segura y bien tolerada en el manejo pediátrico en situaciones de urgencia, respaldada por una creciente evidencia clínica.
The intranasal route is presented as an effective and safe alternative for rapid drug administration in the context of pediatric emergencies, especially when intravenous access is difficult or delayed. The rich vascularization of the nasal mucosa and it’s direct drainage into the systemic circulation allow for rapid absorption and an onset of action comparable to that of the intravenous route, without requiring sterile techniques or causing significant stress to the patient.
Several studies have shown that the intranasal route is especially useful for administering analgesics, sedatives and anxiolytics, anticonvulsants, antipsychotics, glucagon for severe hypoglycemia, and naloxone in cases of opioid overdose. The most efficient method for administration is the use of sprays, which optimize bioavailability by distributing the drug over a larger nasal surface and minimizing loss due to runoff. Contraindications include allergies, active epistaxis, nasal trauma or abnormalities, nasal obstruction, and recent use of vasoconstrictors. The technique recommends administering the drug divided into both nostrils, with the patient in a semi-recumbent position with the cervical spine extended at 60° to maximize absorption.
Reported adverse effects are minimal and transient, such as local irritation, bitter taste, and nausea. In conclusion, intranasal drug administration is a rapid, safe, and well-tolerated option for pediatric emergency management, with growing evidence supporting its clinical implementation.