Sheila Fernández Navarro, Paula Garcia Jordan, Marina Guarch Oncins, Nilsa Carmen Viejo Lezcano, David Navarrete Mainar, Raquel Brinquis Seco
El Trastorno del Espectro Autista (TEA) afecta a millones de personas en el mundo y se caracteriza, a grandes rasgos, por alteraciones en la comunicación social, patrones de comportamiento restringidos y dificultades en la interacción social. Aunque la literatura recoge que las personas con dicho diagnóstico presentan un desarrollo sexual similar al de la población normotípica, históricamente sus intereses y deseos afectivo-sexuales han sido invisibilizados, limitando así su expresión y el desarrollo de habilidades para establecer relaciones íntimas saludables y satisfactorias.
Diversas características propias del TEA, como la dificultad para comprender la comunicación no verbal, las normas sociales, o para iniciar y mantener relaciones con iguales, dificultan su acceso a una sexualidad normativa. Además, estas limitaciones pueden facilitar que lleven a cabo conductas sexuales inadecuadas (no necesariamente malintencionadas), como el exhibicionismo o el acoso, derivadas del desconocimiento, aislamiento y falta de una educación adecuada. A pesar de ello, la evidencia indica que las personas con TEA tienen mayor riesgo de ser víctimas de violencia sexual, especialmente las mujeres, mientras que no hay datos que demuestren una mayor propensión (respecto a la población general) del colectivo a cometer delitos sexuales.
Las fallas en la educación afectivo-sexual facilitan y mantienen estas dificultades a lo largo del desarrollo evolutivo de las personas con TEA, por tanto, la identificación, reducción y prevención de dichos problemas debe centrarse en una educación sexual adaptada desde la infancia, involucrando a familias, profesionales sanitarios y a docentes. Es fundamental establecer modelos de educación afectivo-sexual adaptados a las necesidades individuales de cada persona con TEA, así como a su contexto cultural, social y familiar.
Autism Spectrum Disorder (ASD) affects millions of people worldwide and is broadly characterized by impairments in social communication, restricted behavior patterns, and difficulties in social interaction. Although the literature reports that people with this disorder have similar sexual development to the normotypical population, historically their affective-sexual interests and desires have been invisible, thus limiting their expression and the development of skills to establish healthy and satisfying intimate relationships.
Various characteristics of ASD, such as difficulty understanding nonverbal communication, social norms, or initiating and maintaining relationships with peers, hinder their access to normative sexuality. In addition, these limitations can lead to inappropriate sexual behaviors (not necessarily malicious), such as exhibitionism or harassment, stemming from ignorance, isolation, and lack of adequate education. Despite this, evidence indicates that people with ASD are at greater risk of being victims of sexual violence, especially women, while there is no data to show that this group is more likely to commit sexual crimes.
Failures in affective-sexual education facilitate and maintain these difficulties throughout the developmental evolution of people with ASD, therefore, the reduction and prevention of these problems should focus on adapted sex education from childhood, involving families, healthcare professionals, and teachers. It is essential to establish models of affective-sexual education adapted to the individual needs of each person with ASD, as well as to their cultural, social, and family context.