Fernando Daniel Berdaguer Ferrari
Las fracturas constituyen una de las primeras huellas tangibles del cuidado médico en la prehistoria. La evidencia osteológica de sitios paleolíticos, como Shanidar, en Irak, y Krapina, en Croacia, demuestra que individuos con lesiones graves sobrevivieron gracias a una atención sostenida y colectiva. Estas fracturas cicatrizadas reflejan no solo respuestas biológicas y de inmovilización rudimentaria, sino también respuestas sociales de acompañamiento y redistribución de tareas. Este artículo propone que la traumatología, entendida como reacción al trauma visible, pudo haber sido el primer gesto médico organizado. En una era de alta especialización, recuperar esa raíz ética y solidaria nos recuerda que la práctica ortopédica sigue siendo, en esencia, una decisión de cuidar y sostener al otro.
Fractures represent one of the earliest tangible traces of medical care in prehistory. Osteological evidence from Paleolithic sites such as Shanidar (Iraq) and Krapina (Croatia) shows that individuals with severe injuries survived thanks to sustained, collective care. These healed fractures reflect not only biological responses and rudimentary immobilization practices, but also social behaviors involving support and task redistribution. This article argues that traumatology, understood as a response to visible bodily trauma, may have constituted the earliest form of organized medical practice. In an era of increasing specialization, revisiting this ethical and communal foundation reminds us that orthopedic care remains, at its core, a deliberate act of supporting and caring for others.