Antonio Vidal Infer
, Cristina Rius Leiva, Ruth Lucas Domínguez, Judit Tirado Muñoz, Laura Prieto Arenas
En este trabajo se ha realizado una revisión narrativa que identifica los factores asociados al sexo y al género que influyen en la vulnerabilidad frente al desarrollo de un trastorno adictivo. Las adicciones surgen de la interacción entre factores neurobiológicos y psicosociales. Los dimorfismos cerebrales según el sexo, mediados por factores genéticos, hormonales y epigenéticos, generan diferencias en los circuitos implicados en la recompensa, la regulación emocional y las funciones ejecutivas. Las diferencias farmacocinéticas, como mayores niveles sanguíneos de alcohol, metabolismo más rápido de la nicotina y una internalización más lenta de los receptores μ-opioides en mujeres, contribuyen a una progresión más rápida y a la aparición más temprana de complicaciones médicas. El género, entendido como un sistema de roles y normas socialmente construidos, modula estas vulnerabilidades. Las normas masculinas tradicionales se asocian a mayor consumo, mientras que algunos aspectos de la feminidad pueden actuar como factores de riesgo o protección. Las minorías sexuales y de género presentan las mayores disparidades. Las mujeres lesbianas y bisexuales tienen las tasas más elevadas de trastornos por uso de sustancias; los hombres gays y bisexuales informan mayor consumo de drogas ilícitas; las personas bisexuales muestran el mayor riesgo global. Las poblaciones trans y no binarias presentan prevalencias más altas de consumo de tabaco, estimulantes y sustancias asociadas al chemsex, muchas veces como respuesta al estrés de minoría y a sistemas de salud cisnormativos. La comorbilidad psiquiátrica afecta al 50–80 % de los casos. Abordar estas desigualdades requiere un enfoque interseccional, sensible al género y culturalmente competente.
This narrative review identifies the sex- and gender-related factors that influence individual vulnerability to developing addictive disorders. Addiction arises from the complex interaction between neurobiological and psychosocial factors. Sex-based brain dimorphisms, shaped by genetic, hormonal, and epigenetic influences, lead to differences in neural circuits involved in reward, emotional regulation, and executive functioning. Pharmacokinetic differences, such as higher blood alcohol levels, faster nicotine metabolism, and slower μ-opioid receptor internalization in women, contribute to earlier medical complications and faster addiction progression. Gender, understood as a system of socially constructed roles and expectations, further modulates these vulnerabilities. Traditional masculine norms are associated with higher substance use, while certain aspects of femininity may increase risk (e.g., emotional repression or partner dependence) or serve as protective factors through help-seeking behavior. Sexual and gender minorities experience the most significant disparities. Lesbian and bisexual women show the highest rates of substance use disorders; gay and bisexual men report greater illicit drug use; and bisexual individuals consistently display the highest overall risk. Transgender and non-binary populations exhibit increased prevalence of tobacco, stimulant, and chemsex-related substance use, often as a response to minority stress and exclusion from cisnormative care systems. Psychiatric comorbidity affects 50–80% of cases. Women show higher rates of anxiety, trauma histories, and adverse clinical outcomes. Many face “triple stigma” due to their gender, mental health condition, and substance use. Addressing these disparities requires an intersectional, gender-informed, and culturally competent approach to prevention, diagnosis, and treatment.