Introducción: En las últimas décadas, la obesidad y la hipertensión arterial han aumentado significativamente en la población infanto-juvenil, constituyéndose en un problema de salud pública de creciente relevancia. La hipertensión primaria, asociada tradicionalmente con adultos, se ha manifestado cada vez más en niños y adolescentes, principalmente en países occidentales, vinculada al incremento de la obesidad. Esta situación aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares a largo plazo y representa un desafío por la frecuencia de diagnósticos tardíos debido a la naturaleza asintomática inicial de estas condiciones. Por ello, es crucial implementar estrategias de prevención y detección precoz desde la infancia.
Metodología: Se realizó una revisión bibliográfica mediante búsqueda avanzada en bases de datos PUBMED y SCIELO, utilizando descriptores MeSH: child, obesity e hypertension. Se aplicaron operadores booleanos para combinar términos y se seleccionaron artículos publicados en los últimos 10 años, en inglés y español, disponibles en texto completo. Tras aplicar criterios de inclusión y exclusión, se eligieron dos revisiones sistemáticas y un estudio transversal para su análisis.
Resultados: La obesidad infantil se asocia estrechamente con factores de riesgo cardiovascular como hipertensión, diabetes tipo 2, disfunción endotelial e hipertrofia ventricular izquierda. El índice de masa corporal (IMC) es un determinante clave en la regulación de la presión arterial (PA) en niños. Estudios longitudinales demuestran que niños con sobrepeso u obesidad presentan mayor PA inicial y mayor riesgo de hipertensión futura. La disfunción del adipocito y la activación del sistema nervioso simpático (SNS), junto con el desequilibrio de adipocinas proinflamatorias, contribuyen a la elevación sostenida de la PA, con impacto especial en el sistema renal y la activación del sistema renina-angiotensina-aldosterona (SRAA). La variabilidad metodológica y la heterogeneidad en criterios diagnósticos explican las diferencias en prevalencia reportada en distintos estudios.
Conclusión: Pese a la heterogeneidad en metodologías, la evidencia indica que la obesidad en la infancia y adolescencia es un factor de riesgo significativo para la hipertensión a corto y largo plazo. Se recomienda la implementación de estrategias preventivas basadas en una alimentación equilibrada y actividad física desde edades tempranas para reducir la incidencia de factores de riesgo cardiovascular y mejorar la salud futura.
Introduction: In recent decades, both obesity and arterial hypertension have significantly increased in the pediatric and adolescent populations, becoming an emerging public health concern. Primary hypertension, traditionally associated with adults, is increasingly observed in children and adolescents, particularly in Western countries, linked to rising obesity rates. This trend elevates the risk of long-term cardiovascular diseases and presents challenges due to the often asymptomatic nature of these conditions delaying early diagnosis. Therefore, prevention and early detection strategies during childhood are essential.
Methodology: A literature review was conducted through advanced searches in PUBMED and SCIELO databases using MeSH terms: child, obesity, and hypertension. Boolean operators were used to combine terms, focusing on studies published in the last 10 years, in English and Spanish, with full-text availability. After applying inclusion and exclusion criteria, two systematic reviews and one cross-sectional study were selected for analysis.
Results: Childhood obesity is closely linked to cardiovascular risk factors such as hypertension, type 2 diabetes, endothelial dysfunction, and left ventricular hypertrophy. Body mass index (BMI) is a key determinant in blood pressure (BP) regulation in children. Longitudinal studies show that overweight and obese children have higher baseline BP and increased risk of future hypertension. Adipocyte dysfunction and sympathetic nervous system (SNS) activation, along with an imbalance of pro-inflammatory adipokines, contribute to sustained BP elevation, particularly affecting the renal system and activating the renin-angiotensin-aldosterone system (RAAS). Methodological variability and heterogeneous diagnostic criteria explain discrepancies in reported prevalence across studies.
Conclusion: Despite methodological differences, evidence converges that obesity in childhood and adolescence is a significant risk factor for hypertension in both the short and long term. Preventive strategies focused on balanced nutrition and regular physical activity from early ages are recommended to reduce cardiovascular risk factors and improve future health outcomes.