Arantxa Oñate Lázaro, Sofía Ariño Marín, Esther Cambra Aso, Marta Azpeitia Calvo, Paul Chereches Ghergheluca
La ansiedad es uno de los trastornos mentales más prevalentes en la actualidad, favorecido por el ritmo de vida acelerado y los cambios sociales recientes¹. Los tratamientos convencionales, como los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) y los inhibidores de serotonina y noradrenalina (IRSN), presentan efectos adversos frecuentes¹. Esto ha impulsado la búsqueda de alternativas terapéuticas seguras. La Ashwagandha (Withania somnifera), planta medicinal utilizada en la medicina ayurvédica, destaca por sus propiedades adaptógenas².
Un metaanálisis reciente con 558 participantes demostró que la Ashwagandha reduce significativamente los niveles de ansiedad, mostrando eficacia clínica³. Además, estudios preclínicos y clínicos evidencian un perfil de seguridad favorable: sin efectos adversos graves ni alteraciones relevantes en parámetros hematológicos⁴. Los efectos secundarios más comunes fueron leves y transitorios.
En los últimos años, el interés por los tratamientos naturales ha crecido, impulsado por una mayor conciencia sobre el autocuidado y la medicina integrativa. En este contexto, la Ashwagandha ha sido objeto de numerosas investigaciones que exploran no solo sus efectos ansiolíticos, sino también su influencia positiva sobre el sueño, el estrés oxidativo y la calidad de vida. Su accesibilidad en forma de suplementos nutricionales y su bajo perfil de riesgo hacen que sea una alternativa atractiva tanto para profesionales de la salud como para pacientes. Algunos ensayos incluso han evaluado su uso combinado con terapias cognitivo-conductuales, observando efectos sinérgicos. No obstante, aún se necesita establecer protocolos estandarizados que definan dosis, duración del tratamiento y contraindicaciones específicas.
En conclusión, la Ashwagandha representa una opción terapéutica prometedora para el manejo de la ansiedad. Se requieren más estudios a largo plazo que confirmen su seguridad y eficacia en población general.
Anxiety is one of the most prevalent mental disorders today, influenced by a fast-paced lifestyle and recent social changes¹. Conventional treatments, such as selective serotonin reuptake inhibitors (SSRIs) and serotonin-norepinephrine reuptake inhibitors (SNRIs), often produce adverse effects that compromise adherence¹. This has led to interest in safer therapeutic alternatives. Ashwagandha (Withania somnifera), a medicinal plant used in Ayurvedic medicine, is notable for its adaptogenic properties².
A recent meta-analysis including 558 participants showed that Ashwagandha significantly reduces anxiety levels, demonstrating clinical efficacy³. Additionally, preclinical and clinical studies report a favorable safety profile, with no serious adverse effects or relevant changes in hematologic parameters⁴. The most common side effects were mild and transient.
In recent years, interest in natural treatments has grown, driven by increased awareness of self-care and integrative medicine. In this context, Ashwagandha has been the subject of numerous studies exploring not only its anxiolytic effects but also its positive influence on sleep, oxidative stress, and overall quality of life. Its accessibility in the form of nutritional supplements and its low-risk profile make it an attractive alternative for both healthcare professionals and patients. Some clinical trials have even evaluated its combined use with cognitive-behavioral therapies, observing synergistic effects. However, standardized protocols are still needed to define appropriate dosages, treatment duration, and specific contraindications.
In conclusion, Ashwagandha may be a promising therapeutic option for anxiety management. Further long-term studies are needed to confirm its safety and effectiveness in the general population.