Miriam Larraga Ruiz, Elena Ibáñez Soro, María Vargas Villegas, Beatriz Natividad Sola Talayero, Elena García Borque, Leyre Ledo Belascoain
Un paciente varón de 45 años con diagnóstico de VIH desde hace cinco años experimentó efectos secundarios neurológicos, como hormigueo en brazos y manos, atribuibles a la toxicidad acumulativa del tratamiento antirretroviral oral. Ante esta situación, se optó por un régimen inyectable de larga duración con Cabotegravir y Rilpivirina, con el objetivo de reducir la frecuencia de administración y minimizar los efectos adversos asociados a la terapia diaria oral.
Este caso destaca la complejidad en el manejo de pacientes con VIH que presentan efectos secundarios debido al tratamiento, especialmente aquellos de origen neurológico que pueden impactar la calidad de vida y la funcionalidad del paciente. La transición a un régimen inyectable plantea nuevas necesidades de autocuidado, educación y prevención de complicaciones en el sitio de inyección, lo que requiere una adaptación en el plan de cuidados. Además, el diagnóstico de VIH implica abordar no solo los aspectos médicos, sino también el bienestar emocional y psicosocial del paciente, considerando el estigma y el impacto que este diagnóstico puede tener en la vida diaria y en el rol social del individuo.
El objetivo de este plan de cuidados es proporcionar una atención integral que incluya la prevención de infecciones, el control de los síntomas neurológicos, la promoción del autocuidado y el apoyo psicosocial. A través de la taxonomía NANDA, NIC y NOC, se estructura un enfoque basado en diagnósticos, intervenciones y resultados específicos que permitan mejorar la calidad de vida del paciente y promover su adaptación a este nuevo régimen de tratamiento.
A 45-year-old male patient diagnosed with HIV five years earlier experienced neurological side effects, such as tingling in the arms and hands, attributable to the cumulative toxicity of oral antiretroviral therapy. Given this situation, a long-acting injectable regimen with Cabotegravir and Rilpivirine was chosen, with the aim of reducing the frequency of administration and minimizing the adverse effects associated with daily oral therapy.
This case highlights the complexity of managing HIV patients experiencing treatment-related side effects, especially those of neurological origin that can impact the patient’s quality of life and functionality. The transition to an injectable regimen poses new needs for self-care, education, and prevention of injection-site complications, necessitating an adaptation of the care plan. Furthermore, an HIV diagnosis involves addressing not only the medical aspects but also the patient’s emotional and psychosocial well-being, considering the stigma and impact this diagnosis can have on daily life and the individual’s social role.
The goal of this care plan is to provide comprehensive care that includes infection prevention, neurological symptom control, self-care promotion, and psychosocial support. Using the NANDA, NIC, and NOC taxonomy, an approach is structured based on specific diagnoses, interventions, and outcomes to improve the patient’s quality of life and promote their adaptation to this new treatment regimen.