Inés Ariza Lafaja, Raquel Burillo Nebra, Ana Badules Sánchez, David Rillo Gil, Marta Fustero Albero, Javier Planas Gil
El esguince lateral de tobillo representa una de las lesiones musculoesqueléticas más comunes, especialmente entre la población deportista y activa, siendo el ligamento peroneoastragalino anterior el más afectado por mecanismos de inversión y flexión plantar. Su abordaje clínico requiere una evaluación precisa mediante anamnesis, exploración física y pruebas complementarias como ecografía o resonancia magnética, indicadas principalmente en esguinces moderados o graves. El tratamiento conservador es la opción principal y debe ajustarse a la gravedad de la lesión y a las características funcionales del paciente. En la actualidad, el protocolo POLICE es el enfoque más respaldado, ya que promueve una recuperación activa desde las fases iniciales. La intervención fisioterápica se estructura en tres fases: aguda, subaguda y funcional. Durante la fase aguda se prioriza la movilización precoz, el ejercicio terapéutico de movilidad y fuerza, el vendaje funcional y el uso de crioterapia y antiinflamatorios. En la fase subaguda se introduce progresivamente la carga, se amplía el trabajo de fuerza, movilidad y equilibrio, y se recomienda integrar terapia manual como técnica complementaria. Finalmente, la rehabilitación funcional se centra en ejercicios más exigentes que favorezcan la reintegración a las actividades previas, optimizando la recuperación y previniendo recaídas. La evidencia actual respalda un abordaje activo, individualizado y multifactorial como estrategia eficaz para lograr una recuperación completa y reducir la incidencia de inestabilidad crónica.
Lateral ankle sprain is one of the most prevalent musculoskeletal injuries, particularly among physically active individuals. It typically results from inversion and plantar flexion mechanisms, often involving the anterior talofibular ligament. Accurate diagnosis requires a comprehensive clinical approach that includes medical history, specific physical tests, and, in more severe cases, imaging tools such as ultrasound or MRI. Conservative treatment remains the primary therapeutic strategy, and its design should be tailored to the severity of the injury and the patient’s functional status. The POLICE protocol is currently the most evidence-based approach, promoting early mobilization and progressive rehabilitation. Physiotherapeutic management is organized into three phases: the acute phase focuses on early mobility, isometric strengthening, cryotherapy, functional taping, and NSAID use; the subacute phase emphasizes progressive loading, increased mobility, strength training, balance exercises, and manual therapy; the final functional phase incorporates more demanding exercises aimed at restoring pre-injury activity levels. This active, individualized, and multidisciplinary approach has shown to be effective in enhancing recovery and reducing the risk of chronic ankle instability.