La ingesta de cáusticos representa una urgencia médica con potencial de provocar secuelas graves tanto en el corto como en el largo plazo. El esófago es especialmente vulnerable, y las lesiones profundas pueden derivar, décadas después, en carcinoma epidermoide. Presentamos el caso de un varón de 50 años con antecedentes de ingesta de sosa cáustica en la infancia, sin seguimiento posterior. Desarrolló disfagia progresiva en la vida adulta, no estudiada durante décadas. Finalmente, un tránsito baritado y posterior endoscopia diagnosticó una estenosis benigna y una lesión infranqueable, cuya biopsia reveló un carcinoma epidermoide infiltrante. El paciente fue tratado con quimiorradioterapia y cirugía con éxito. Este caso resalta la necesidad crítica del seguimiento endoscópico en pacientes con antecedentes de lesión cáustica grave, dada la elevada incidencia de transformación maligna a largo plazo.
The ingestion of caustic substances constitutes a medical emergency with the potential to cause serious short- and long-term consequences. The esophagus is particularly vulnerable, and deep injuries can lead, decades later, to squamous cell carcinoma.
We present the case of a 50-year-old man with a history of caustic soda ingestion during childhood, with no subsequent follow-up. He developed progressive dysphagia in adulthood, which remained uninvestigated for decades. Eventually, a barium swallow followed by endoscopy revealed a benign stricture and an impassable lesion, whose biopsy confirmed an infiltrating squamous cell carcinoma. The patient was successfully treated with chemoradiotherapy and surgery.
This case highlights the critical need for endoscopic surveillance in patients with a history of severe caustic injury, given the high incidence of malignant transformation over the long term.