El deterioro cognitivo es un trastorno caracterizado por la disminución persistente de funciones como la memoria, atención o lenguaje, siendo el Alzheimer la causa más común en adultos mayores. Actualmente, no existe un tratamiento efectivo, pero los cambios cerebrales ocurren años antes de los síntomas, lo que ofrece una gran ventana para aplicar acciones preventivas.
Diversos factores aumentan el riesgo de deterioro cognitivo, como enfermedades cardiovasculares, diabetes, obesidad, hipertensión, así como una dieta poco saludable. En este contexto, la dieta mediterránea y la dieta DASH han demostrado efectos protectores. Estas dietas, ricas en antioxidantes, ácidos grasos saludables y vitaminas, incluyen alimentos como frutas, verduras, legumbres, pescado, frutos secos y aceite de oliva. A su vez, se desaconseja el consumo excesivo de carne roja, ultraprocesados y alcohol.
Aunque no hay consenso sobre la eficacia de los suplementos, seguir una dieta equilibrada parece más beneficioso. Por otro lado, el ejercicio físico también desempeña un papel clave, reduciendo el riesgo de demencia mediante la mejora del funcionamiento cerebral, la salud cardiovascular y el estado emocional. Se ha observado que caminar más de 10 000 pasos al día puede asociarse con menor riesgo de demencia, estimándose que hasta un 3% de los casos podrían prevenirse con mayor actividad física.
Las intervenciones que combinan dieta saludable, ejercicio y estimulación cognitiva han mostrado mejores resultados que aquellas centradas en un solo enfoque. Por tanto, se recomienda al personal sanitario, especialmente de atención primaria, fomentar estilos de vida saludables para prevenir el deterioro cognitivo en personas mayores.
Cognitive impairment is a condition characterized by a persistent decline in one or more cognitive functions, such as memory, attention, or language, with Alzheimer’s disease being the most common cause in older adults. Although there is currently no effective treatment, pathological brain changes begin years before clinical symptoms appear, offering a window of opportunity for preventive strategies.
Several risk factors contribute to cognitive decline, including cardiovascular disease, diabetes, obesity, hypertension, and an unhealthy diet. In this context, the Mediterranean and DASH diets have shown protective effects. These diets, rich in antioxidants, healthy fats, and vitamins, emphasize the intake of fruits, vegetables, legumes, fish, nuts, and olive oil. Excessive consumption of red meat, processed foods, and alcohol should be avoided, as they are linked to increased cognitive decline.
While there’s no clear consensus on the effectiveness of supplements, a balanced diet appears to be more beneficial. In addition to diet, physical exercise (PE) plays a key role in preventing cognitive decline. PE helps reduce cardiovascular risk, supports brain activity, and improves emotional well-being, including sleep, depression, and anxiety—factors strongly linked to dementia. Walking more than 10,000 steps a day has been associated with a reduced risk of dementia, and studies estimate that up to 3% of dementia cases could be prevented by increasing physical activity.
Multidomain interventions that combine healthy eating, exercise, and cognitive training show greater effectiveness than single-focus approaches. Therefore, primary care health professionals are encouraged to promote healthy lifestyle habits, including diet and regular physical activity, especially in individuals at risk of cognitive decline.