El abordaje de la violencia de género en el ámbito sanitario, especialmente en Atención Primaria durante periodos como el embarazo, tiene un impacto emocional significativo en los y las profesionales, particularmente en enfermería. La exposición continua a relatos y situaciones traumáticas, sumada a factores organizacionales como la carga de trabajo y la falta de apoyo institucional y entre pares, puede derivar en desgaste profesional (burnout), estrés traumático secundario y fatiga por compasión. La confrontación con las propias vivencias y prejuicios, influenciados por la socialización en una cultura patriarcal, puede dificultar una valoración objetiva y generar respuestas emocionales disfuncionales como la sobre involucración o la evitación, perjudicando tanto el bienestar del profesional como la efectividad de la intervención.
Los principales conflictos en la atención primaria relacionados con la aplicación del Protocolo Actuación Sanitaria ante la Violencia de Género son la complejidad en el abordaje de la violencia psicológica, la confrontación con los hombres, la falta de tiempo y la falta de intimidad y confidencialidad en las consultas. Además, se enfrentan a la falta de registro adecuado, ya que algunos profesionales no están sensibilizados sobre cómo registrar los casos, lo que puede llevar a una atención insuficiente, y a la baja adherencia de las mujeres, quienes suelen resistirse a denunciar por miedo, amenazas y falta de soporte familiar, lo que complica el seguimiento de los casos. La ausencia de responsables específicos y la falta de formación continua son también barreras importantes.