Ana Martín Jiménez
El trastorno del espectro autista (TEA) es una alteración del neurodesarrollo que afecta a la comunicación, la interacción social y la conducta. De inicio en la infancia, existe una alta heterogeneidad en su clínica, lo que exige un abordaje clínico específico e individualizado. La detección e intervención precoces son claves para favorecer el desarrollo de habilidades adaptativas, reducir síntomas asociados y mejorar la calidad de vida de la persona.
En este contexto, la enfermera especialista en salud mental (EESM) ocupa un lugar estratégico dentro del equipo terapéutico. Encuadrada en el programa de continuidad de cuidados (PCC), su intervención tiene como objetivo general el abordaje integral y respetuoso de la persona, orientada no solo a la intervención clínica, sino también al acompañamiento emocional y psicoeducativo de la unidad familiar y al fortalecimiento de las redes de apoyo comunitario. Entre sus funciones principales, se encuentran la evaluación de necesidades específicas, la planificación de unos cuidados individualizados, el trabajo psicoeducativo, el acompañamiento emocional y la coordinación y trabajo en red dentro del equipo sanitario y con recursos externos (servicios sociales, centro escolar, recursos comunitarios). Además, tiene un rol activo en la detección temprana de signos de alerta en el desarrollo y en la promoción de habilidades sociales, emocionales y funcionales. Asimismo, la EESM colabora en el manejo clínico de comorbilidad frecuente en el TEA, como la ansiedad, la depresión o el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH).