Abundantes investigaciones científicas de calidad avalan que el ejercicio físico (EF) es un factor muy importante en la prevención y como coadyuvante del tratamiento de la mayoría de las enfermedades crónicas no transmisibles del siglo XXI y que el sedentarismo incrementa el riesgo de padecerlas. Estas enfermedades provocan cada año más de 41 millones de muertes prematuras (71% del total); sin embargo, en el mundo, más de 1800 millones de personas adultas no cumplen con las recomendaciones de EF establecidas por la Organización Mundial de la Salud (OMS).