Las úlceras venosas son unas de las heridas crónicas más habituales en las consultas de atención primaria, afectan significativamente a la calidad de vida de los pacientes y generan una carga importante en el sistema de salud.
El manejo integral de estas lesiones requiere una evaluación minuciosa que incluya la identificación de factores de riesgo como insuficiencia venosa, obesidad, sedentarismo y antecedentes de trombosis. La terapia de primera línea consiste en la aplicación de sistemas de compresión graduada, que son fundamentales para reducir la hipertensión venosa, mejorar el retorno venoso y facilitar la cicatrización. La compresión puede realizarse mediante vendajes elásticos, inelásticos, medias compresivas o sistemas de compresión con velcros, siempre ajustados a las características del paciente y a la fase de la herida. Es importante que la compresión sea adecuada en presión y en técnica para evitar complicaciones y garantizar su efectividad.
El cuidado de la herida incluye el control del exudado, la protección de la piel perilesional y la prevención de infecciones mediante controles periódicos. La selección del apósito dependerá del nivel de exudado y de la presencia de necrosis o infección. La movilización temprana, la elevación de las extremidades y la reducción de la inflamación contribuyen a mejorar la circulación venosa y acelerar la cicatrización.
La educación del paciente es esencial; debe entender la importancia del uso correcto de las medias o vendajes compresivos, el cuidado de la herida y la adherencia al tratamiento. También son importantes la enseñanza de medidas higiénico-dietéticas como evitar periodos prolongados de sedestación/ bipedestación, realizar ejercicio regularmente y mantener las piernas elevadas en los periodos de descanso. La supervisión periódica permite ajustar las terapias y detectar complicaciones a tiempo. La coordinación con especialistas en dermatología y cirugía vascular puede ser necesaria en casos complejos o cuando no hay respuesta adecuada al tratamiento conservador.
La capacitación del personal sanitario y la implementación de protocolos estandarizados en atención primaria son estrategias clave para optimizar el manejo de estas lesiones.
Venous ulcers are among the most common chronic wounds encountered in primary care, significantly affecting patients’ quality of life and placing a substantial burden on the healthcare system.
Comprehensive management of these lesions requires a thorough evaluation that includes identifying risk factors such as venous insufficiency, obesity, sedentary lifestyle, and history of thrombosis. First line therapy involves the application of graduated compression systems, which are essential for reducing venous hypertension, improving venous return, and facilitating healing. Compression can be achieved through elastic or inelastic bandages, compression stockings, or velcro compression systems, always tailored to the patient’s characteristics and the wound’s phase. It is important that compression is applied with appropriate pressure and technique to prevent complications and ensure effectiveness.
Wound care includes managing exudate, protecting the perilesional skin, and preventing infections through regular monitoring. The choice of dressing depends on the level of exudate and the presence of necrosis or infection. Early mobilization, limb elevation, and reduction of inflammation help improve venous circulation and accelerate healing.
Patient education is essential; patients must understand the importance of correct use of compression stockings or bandages, wound care, and treatment adherence. Teaching hygienic and dietary measures such as avoiding prolonged periods of sitting or standing, exercising regularly, and keeping legs elevated during rest is also important. Periodic supervision allows for therapy adjustments and early detection of complications. Collaboration with dermatologists and vascular surgeons may be necessary in complex cases or when there is an inadequate response to conservative treatment.
Training healthcare personnel and implementing standardized protocols in primary care are key strategies to optimize the management of these lesions and reduce the healthcare burden.