La administración de Donald Trump marca el fin de la hegemonía responsable de Estados Unidos, dando paso a una política exterior más centrada en los intereses nacionales inmediatos y reduciendo el apoyo a instituciones multilaterales como la Organización Mundial de la Salud (OMS). Este giro afecta negativamente la capacidad de laOMS para coordinar respuestas globales ante emergencias sanitarias, como la pandemia de la COVID-19, y frente a la creciente amenaza de enfermedades emergentes y reemergentes.