Miguel Ángel Ibáñez Royo, Jesús Cuesta Díaz, Lara Lozano Serrano, Ana Isabel Leona Romero, Héctor Reinao Cegoñino, David Abad Hernán
El caso clínico presentado describe la rotura de pelvis en un hombre de 45 años tras un accidente automovilístico. Las fracturas pélvicas son lesiones graves que requieren un enfoque multidisciplinario debido a su complejidad anatómica y las complicaciones potenciales, como el shock hipovolémico. El paciente llegó al hospital en estado crítico, con dolor severo y signos de inestabilidad hemodinámica. Se inició un protocolo de atención avanzada, se realizó una cirugía temprana para estabilizar la pelvis mediante la colocación de un fijador externo, seguida de una fijación interna definitiva tras la estabilización del paciente. En el postoperatorio, el paciente presentó complicaciones como una infección de la herida, tratada con éxito mediante antibióticos. Tras seis meses de seguimiento, el paciente pudo retomar sus actividades diarias con limitaciones mínimas. Este caso destaca la importancia de un abordaje integral que combine la intervención quirúrgica temprana y un monitoreo postoperatorio riguroso para optimizar los resultados funcionales y reducir la mortalidad. Se subraya la necesidad de protocolos bien estructurados para el tratamiento de fracturas pélvicas, adaptados a las condiciones individuales del paciente.
This clinical case describes a 45-year-old male who sustained a pelvic fracture following a high-speed car accident. Pelvic fractures are severe injuries that require a multidisciplinary approach due to anatomical complexity and potential complications such as hypovolemic shock. The patient arrived at the hospital in critical condition, with severe pelvic pain and signs of hemodynamic instability. Advanced trauma care protocols were initiated, and early surgery was performed to stabilize the pelvis using an external fixator, followed by definitive internal fixation once the patient stabilized. Postoperative complications included a wound infection, successfully treated with antibiotics. After six months of follow-up, the patient was able to resume daily activities with minimal restrictions. This case highlights the importance of an integrated approach that combines early surgical intervention with rigorous postoperative monitoring to optimize functional outcomes and reduce mortality. The case underscores the need for well-structured protocols for treating pelvic fractures, adapted to each patient’s specific conditions.