Este plan estratégico representa una oportunidad para replantear nuestras tácticas en la lucha contra el cáncer. La implementación de estas políticas debe ser continua y adaptable. Ahora es el momento de actuar; debemos unir fuerzas y priorizar la reducción de muertes por cáncer de manera efectiva. Juntos, podemos avanzar hacia un futuro con menos sufrimiento y más esperanza (1,3).